Artículo sobre Andalucía preparado para ALJABIBE
El paraíso soñado
Alberto Pérez de Vargas
Decía García y Bellido que si la palabra hebrea Tarschisch comparte su radicación gramatical con el término griego Tartessós; lo que, al parecer, es bastante probable; entonces esta región, que se extendió probablemente desde las actuales provincias de Huelva y Cádiz, por el tercio sur de la península, aparece ya aludida en textos anteriores al siglo VIII a.C. Es más que probable que así sea, pues en Isaías se habla de navíos de Tarschisch y en El Libro de los Reyes se hace referencia con el mismo toponímico a un país lejano de Occidente, rico en oro, plata y plomo, al que se iba en viajes periódicos una vez cada tres años.
La fascinación por lo remoto y la invitación a la imaginación para generar leyendas que ello supone, ha convertido a Tartessós -o Tartesios; Tartessos, con una o dos eses, sin tilde para otros- en el Más Allá de las civilizaciones que inspiraron los primeros contenidos de la Historia. En Asia Anterior; donde los ríos Tigris y Eúfrates determinan una singular franja en la que florecieron generosamente diversas y sucesivas civilizaciones; y en Asia Menor; con la península de Anatolia recortando el extremo oriental del Mediterráneo; en esos lugares donde brotaron los orígenes del variopinto tejido cultural que hoy llamamos Occidente, el mar, inmenso, profundo y misterioso, debía seguramente representar una propuesta para la exploración y el descubrimiento. Como lo fuera cuando al término del siglo XV, los españoles decidieron penetrar en el horizonte por el que el Sol se retira, desde los lugares en los que se acababa el mundo conocido y con la percepción de que las rutas marítimas tendrían que conducir a los extremos orientales de ese mundo, los pueblos mediterráneos de la antigüedad mirarían al Este dejando a la imaginación navegar sin trabas por el sueño con la ilusión de vivir las ensoñaciones. Allá, muy lejos, el perfil último del Mare Nostrum sería el final de la Historia y el estrecho, espectacular, entre las columnas de Hércules, el pasadizo por el que se accedía al seductor mar de afuera, al Atlantis, al Mar Hesperios de Heródotos.
Platón se refiere -es la primera mención conocida- a Atlántida en el Kritías y en el Tímaios. La Atlántida pudo tratarse de una mera invención poética del pensador griego, tal como creía Aristóteles, acaso inspirada en lo que contaran los navegantes. Como Tartessos, sobre la Atlántida también abundan fantasías y especulaciones. Aún más en este caso, pues al fin y al cabo acerca de Tartessos hay planteadas, ciertamente, muchas preguntas por responder, pero su existencia es, siguiendo a los expertos, más verosímil. Respecto a la Atlántida, la incógnita es ya su propia realidad: muy posiblemente la Atlántida no fuera más que fruto de la imaginación de Platón. Éste cuenta que más allá de las columnas de Hércules existía una isla inmensa, desde la que podía accederse a otras islas e incluso al continente, cuyos reyes habían creado un imperio grande y extraordinario que desapareció bajo las aguas como consecuencia de una serie de terremotos que, manteniendo su violencia por espacio de un día entero, devastaron el territorio. Debido a los obstáculos que tan formidable hecatombe sembró en los fondos marinos, esos mares -dice el relator- son difíciles de flanquear.
Atlantis -la isla de la Atlántida- fue la parte de la Tierra que correspondió a Poseidón cuando los dioses la parcelaron y sortearon sus partes. Una vez acomodado en el territorio, Poseidón dedicó mucho tiempo al embellecimiento, sobre todo, del centro de la isla donde creó cinco generaciones de hijos. Al primero le llamó Atlas y fue el que dio nombre a la isla y al mar de afuera. Al segundo le llamó Gádeiros conmemorando el nombre indígena de la región próxima, Gadeiriké, que luego sería Cádiz. En Kritías, Platón se refiere a Atlantis situando una bella y fértil llanura en su centro, cerca del mar, cuya descripción podría ser, según el historiador García y Bellido, la del valle del Guadalquivir.
Hay quien adjudica también a Tartessos el carácter de invención, de recreación poética. Pero, nuevamente, se mira hacia el tercio sur peninsular para estructurar su escenificación, pues aunque, como ocurre con la Atlántida, su ubicación o el territorio que inspira a la imaginación creadora del mito, pasa de unos sitios a otros, siempre en el lejano perfil occidental del Mediterráneo, Andalucía es la región direccional, protagonista, conductora del pensamiento, de la imaginación y de la palabra. El nombre de Tartessos aparece ligado a un río de fuentes inmensas y de raíces argénteas en los versos del poeta griego Stesíchoros que vivió en Sicilia hacia el año 600 a.C., y poco después, en 530 a.C., asociado a una ciudad en la obra de Anakréon que se refiere concretamente a su rey Arganthónius. Hay variadas y numerosas alusiones, entre poéticas e históricas desde la obra de Stesíchoros, a lo largo de dos siglos. Sobre todo en las continuas citas de Heródotos, entre las que tiene especial importancia la de un relato de naturaleza histórica que aunque escrito en el siglo V a.C. se basa en el viaje realizado hacia mediados del siglo VII por Kolaios de Samos que, según contaba, llegó a desembarcar en las playas de Tartessós.
Aristófanes, comediógrafo que vivió entre el 445 y el 385, habla de las feroces morenas tartéssicas de los mares de Cádiz y García y Bellido compone un texto basado en escritos anónimos del poema geográfico de Avienus: Ora Marítima, que dice lo siguiente: Tartessós está en una isla del golfo de su nombre, en la cual desemboca el río Tartessós, que baña sus murallas después de pasar por el lago Ligustino. El río forma en su desembocadura varias bocas, de las cuales tres corren al Oriente y cuatro al Mediodía, las cuales bañan a la ciudad. Arrastra en sus aguas partículas de pesado estaño y lleva rico metal a la ciudad de Tartessós. Cerca se hallan el Monte de los Tartessios, lleno de bosques, y el Monte Argentario, sito junto a la laguna Ligustina, en cuyas laderas brilla el estaño. La ciudad de Tartessós está unida por un camino de cuatro días con la región del Tajo, o del Sado, y por otro de cinco, con Mainake, donde los ricos tartessios poseen una isla consagrada por sus habitantes a Noctiluca. El límite oriental del dominio de los tartessios estuvo en tiempos en la región de Murcia, y en la occidental en la de Huelva.
Sin embargo, cuesta creer que los navegantes se aventuraran más allá de las columnas de Hércules y es fácil suponer que de haber divisado el paso entre las montañas del norte de Marruecos, con alturas que alcanzan los cuatro mil metros, y la punta de Tarifa, tendrían necesariamente que haberse detenido en la contemplación y descripción del peñón de Gibraltar y de la bahía de Algeciras que ofrece de manera ostentosa un recogido refugio a quienes se aventuran hasta asomarse al paso del Estrecho. El perfil meridional de España no es hoy muy distinto de como sería tres milenios atrás. Tres mil años es un instante de tiempo geológico, por consiguiente parece razonable suponer que lo que los navegantes describen, si es que hay alguna realidad tras los relatos y las leyendas que después de muchas trasmisiones orales acabaran en los textos, son visiones o ilusiones inspiradas en la contemplación de la costa mediterránea andaluza. Hay que hacer un esfuerzo para imaginar a los navegantes aventurándose a atravesar el Estrecho de Gibraltar remontando la costa exterior, abierta, hacia el Algarve portugués o descendiendo por la costa africana, aun teniendo en cuenta que aparecen frecuentes alusiones a las islas del mar de afuera o atlántico que hablan de lugares paradisíacos, llenos de ríos navegables y frondosos bosques. Las Fortunatae Insulae, en expresión latina, o Islas Afortunadas, podrían ser las Azores o las Canarias, si es que no eran más que fantasías poéticas. Bien es sabido que nuestro archipiélago aprovechó la oportunidad que le ofrecía, generosa, la Historia y la leyenda, para adoptar tan amable denominativo. Más allá o más acá de las columnas de Hércules, lo cierto es que la tierra andaluza sería para aquellos habitantes de las primeras capas de la Historia, el paraíso soñado, el jardín de la Hespérides.
Referencias (TrackBacks)
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Comentarios
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1
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| De: Rigel |
Fecha: 2003-07-06 17:48 |
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Bien venido al mundo de los blogalitas.
No parece que tenga usted en demasiada estima a la Administración de la capital del Campo de Algeciras.
Por otra parte, me parece corta la ambición del equipo cuando pone el fin de su travesía del desierto en llegar a Segunda División. ¿No hay una Primera División? ¿No son ustedes "especiales"?
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| De: LOCO |
Fecha: 2006-05-26 00:41 |
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CACA SON
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3
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| De: MM |
Fecha: 2006-05-26 00:42 |
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QE LINDO ES ESTA PAGINA DE VEDAD
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| De: Anónimo |
Fecha: 2008-04-27 16:51 |
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no encuentro lo que quiero
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| De: Anónimo |
Fecha: 2008-04-27 16:52 |
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6
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| De: Anónimo |
Fecha: 2008-04-27 16:52 |
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| De: Samuel D. Darden |
Fecha: 2019-05-31 04:23 |
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Gracias por escribir mucho mejor y compartir tus preciosos pensamientos. zombs royale
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